Con estos elementos de simplicidad primordial, el genio del hombre creo uno de los mas eficaces intermediarios entre él y su mundo espiritual.

En verdad el instrumento musical, en manos de quien lo tañe, deja de ser un elemento material y ajeno al organismo del individuo, para formar parte inseparable de su íntima personalidad, una especie de garganta humana con cuerdas de timbres mas variados que la voz misma.

La construcción de instrumentos de cuerda, o Luthería, es analizada desde épocas remotas por científicos, sabios y eruditos para desentrañar sus misterios, habiéndose llegado a establecer una verdadera metodología del trabajo del Luthier. Quedándose solo en el misterio, ese íntimo proceso psíquico, que representa en el artífice el conseguir que las maderas emitan un sonido de belleza ideal y que trasciende toda posibilidad mecánica elevándose a regiones subconscientes, lugar donde se elaboran todas las grandes creaciones del espíritu.

El Luthier, verdadera simbiosis de artista-científico-artesano, se ve obligado así a trabajar en un campo donde las dimensiones son imposibles de ponderar con los aparatos creados por la ciencia, quedando éstas libradas a su maravillosa intuición.

Anónimo